LA GLOBALIZACIÓN SERÁ UNA YUXUPOSICIÓN
DE SOLEDADES CONECTADAS
ZARELDA ALARCÓN
El
historiador francés Fernand Braudel, quien habla de las globalizaciones
históricas que van desde la fenicia antigua, pasando por el Imperio Romano, el
Islam, la Europa cristiana. Subraya que toda globalización tiene cuatro
aspectos interconectados; económicos, sociales, culturales y políticos, lo que
hoy se denomina el carácter
multidimensional de la globalización contemporánea.
Otro aporte importante, es el dado por
el sociólogo e intelectual brasileño Otavio Ianni, quien concluye en su estudio
de la globalización al que se dedicó los últimos años de su experiencia vital,
que la globalización, es por un parte el inicio de una totalidad problemática,
compleja y contradictoria, abierta y en movimiento, la sociedad global es el
escenario más amplio del desarrollo desigual, combinado y contradictorio.
El
fenómeno de la globalización no es nuevo, pero ha modificado profundamente, ya
que ha cambiado la distribución del poder, las reglas de su funcionamiento, el
carácter de frecuencia, complejidad y dimensión de las interacciones, y por
último, la capacidad relativa de orientar los procesos. Ejemplo de ello, es el rol de los diversos
actores transnacionales que muchas veces poseen mayor capacidad que algunos
Estados, en orientar en su beneficio las acciones estratégicas emprendidas.
Algunos autores hablan de una sociedad globalizada segmentada hoy en día a una
sociedad global integradora en el futuro.
El
actual proceso de globalización se inició en la década de los 80 del siglo XX,
de acuerdo a estudios del proceso de globalización. Los desafíos a los que nos enfrentamos son
conocidos: globalización, digitalización, cambio climático, etcétera.
El
orden occidental liberal que ha regido desde el fin de la II Guerra Mundial se
basó en la hegemonía de Estados Unidos. Como auténtica potencia global, fue
dominante no solo en el campo del poder duro militar (además de económica y
financieramente), sino en casi todas las dimensiones del poder blando (la
cultura, el idioma, los medios de comunicación masivos, la tecnología y la
moda).
La
Pax Americana que aseguró un alto grado de estabilidad global comenzó a
flaquear (sobre todo, en Medio Oriente y la península coreana). Aunque Estados
Unidos siga siendo la primera potencia planetaria, ya no tiene capacidad o
voluntad de ser el policía del mundo o hacer los sacrificios necesarios para
garantizar el orden. Por su propia naturaleza, un mundo globalizado rehúye la
imposición del orden del siglo XXI. Y aunque el surgimiento de un nuevo orden
mundial puede ser inevitable, todavía no se distinguen sus fundamentos. Parece
improbable que sea uno liderado por China; esta se mantendrá ensimismada y
concentrada en la estabilidad interna y el desarrollo, y es probable que sus
ambiciones se limiten al control de su vecindario inmediato y los mares que la
rodean. Además, le falta (en casi todo) el poder blando indispensable para
tratar de convertirse en una fuerza de orden mundial.
Internet
y las nuevas tecnologías de la comunicación ya han acortado las distancias a
niveles impensables tan solo un siglo atrás. En este contexto de globalización
es más necesario que nunca construir puentes entre distintos individuos,
sociedades y culturas. El liderazgo del futuro va a tener que ver más allá de
los límites que nos separan, desde aquellos impuestos por las naciones, hasta
los marcados por el conocimiento o por nosotros mismos. Para trabajar en
conjunto es fundamental poder distinguir y superar estas barreras para dirigir
los esfuerzos de la humanidad hacia objetivos globales.
Los
conceptos como países, estados-nación y la geopolítica en general son de los
primeros que tendemos a asociar con fronteras. En un planeta atravesando un
proceso de globalización es fundamental buscar los métodos para iniciar la
conversación, para ensamblar Un Mundo Fragmentado. El análisis exhaustivo de
algunos de los desafíos más grandes que enfrenta la humanidad como conjunto va
a abrir el camino a hallar cómo las comunidades pueden construir una
convivencia pacífica y valiosa.
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